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¿Los #CIO tienen mal #sexo?


¿Los CIO tienen mal sexo? ¿Los CIO tienen mal CXO? Claro está que sólo se trata de un buen título como para atrapar su atención. Sin lugar a dudas tendrán una explicación cuando finalicen el relato de este artículo. Y creemos, estamos casi seguro, que esto se extiende más allá del CIO a varias categorías de CXO también. Y a otras profesiones, ocupaciones y oficios. Pero aquí y ahora vamos a hablar de los CIO.

Hace ya tres años que estamos investigando, cada uno desde distintas profesiones y desde distintos marcos teóricos, sobre las nuevas tecnologías disruptivas, el cloud computing (la nube), el big data (los grandes volúmenes de datos), el internet de las cosas (internet of things), el software que lo define todo (software-defined everything)… Y como somos gente inquieta y curiosa, nos preguntamos pero: ¿por qué pasa todo esto? No estamos cuestionando la evolución tecnológica sino a la involución humana de no darse cuenta que la tecnología no es nada sin un grupo de seres humanos que se beneficien de ella. Y que siempre debe pretenderse que esos seres humanos disfruten de un buen estado de salud biopsicosociocultural.

Escuchamos frecuentemente hablar a representantes de marcas expertas en tecnología sobre las nuevas posiciones de los CIO. Aclaramos: no hablan de las posiciones del Kamasutra. La posición, en este caso, es el nuevo rol de los CIO: los de alta disponibilidad, 7x24, hiperconectados en esta nueva era de la hiperconexión, full time disponibles, siguiendo la lógica de Internet de las Cosas, en cualquier horario, desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo… ¿Les resulta conocido esto último?

Aquí les vamos a presentar una historia como tantas de los CIO. Si la historia se parece a la realidad de alguien, es pura coincidencia. Y la va a contar Oscar en primera persona, porque fue quien tuvo el encuentro en particular.


“Había una vez un CIO, siempre me gustó empezar un relato así, un responsable regional de tecnología y operaciones distribuidas en 41 países, con 450 empleados en tecnología alrededor del mundo, trabajando semanalmente entre 60 y 80 horas (y por qué no alguna que otra hora extra el fin de semana por algún evento imprevisto). Como la canción conocida, “millas de vuelo para ir a Plutón” de tanto viaje y recorrida cíclica en sus diferentes visitas volando a todos los países de la región. Intenté coordinar un momento para conversar con este CIO “sólo 30 minutos” sobre un tema y ¿saben qué?… en ningún momento dejó de tener en su mano su teléfono celular… ni siquiera pudo apartarlo de su vista. La pregunta que me surgió, corta y directa, fue: “¿Cómo te sientes?” La respuesta no se hizo esperar, fue la frase apasionada “trabajando, encantado con todos los desafíos que tengo…”. Realmente sus ojos reflejaban ese apasionamiento por la consecución de exitosos proyectos realizados. No en todas las situaciones me ha sucedido que esto sea así. El CIO 7x24, muchas veces, literalmente, está corriendo de un lado para el otro, reaccionando a una constante catarata de eventos imprevistos que se ha vuelto parte de las condiciones naturales de su estar siendo CIO.”

Hasta aquí un cruce con una persona apasionada por su rol, que puede generar diferentes reacciones en quienes lo rodean. La idea de preguntarle al CIO regional el “¿cómo te sientes?” fue hacer un cambio de canal y de sensaciones, pasar del contexto profesional y racional al de palabras que evocan la generación de valor, la construcción de una visión innovadora, que generará un espacio disruptivo nunca antes generado, y que formaban parte de los vocablos en virtud de admiración al día a día de este CIO. Un loco apasionado… Indudablemente pocas veces nos encontramos con personas apasionadas como él.


Tenemos una formación que nos impone no mentirnos. Por eso siempre, en estas historias que parecen buenas, con personas que parecen plenas, nos surge el “pero”.  Y el pero llegó, de la mano de la matemática y la lógica del ingeniero, que se puso a hacer cuentas y dijo: … pero, si alguien tiene un trabajo apasionado de más de 60 horas semanales, esto es, casi 12 horas diarias, 12 horas de trabajo es la mitad del día. Pero nuestro CIO tiene que dormir, no digamos lo ideal de 8 horas… ¿6 horas para dormir? Y además nuestro CIO seguramente viaja para llegar a su trabajo… ¿2 horas de viaje?. Sólo quedan 4 horas dando vueltas para otras cosas ¿Comer? ¿Dedicarle algún tiempo a la familia? ¿Encontrarse con amigos?... ¿Sexo?

Vamos a tratar de establecer algunos límites conceptuales para enfocarnos en lo que queremos transmitir. En este artículo, cuando hablemos de “sexo” nos referiremos a un concepto restringido, a la actividad sexual donde se interactúa con un partenaire ya se trate de una pareja estable, o de un encuentro ocasional, etc. Pero siempre implicando que también hay un otro, en contraposición con el acto masturbatorio en soledad, que si bien puede ser placentero, gratificante y satisfactorio, al ser en soledad, excluye la presencia de un otro con quien interactuar.

Nos preguntamos entonces qué tiempo le queda a nuestro CIO para, como humano adulto, llevar adelante una vida sexual placentera y que incluya a otra persona. Y con la cantidad de tiempo dedicado al trabajo, las preguntas se sumaron.

¿Qué pasa con un trabajador que para llegar a su trabajo se toma el tren, el colectivo y el subte, trabaja 9 o 10 horas y vuelve a su hogar? Es probable que también emplee unas 12 horas en su actividad laboral, pero va a resultar difícil encontrar un trabajador apasionado y radiante por tener que llevar esta vida. Lo más probable es que lo haga movido por la necesidad de mantener su estructura familiar o individual. Algo hay de distinto entre estas 12 horas de trabajo.

¿Qué podría llegar a distinguir a un CIO “enamorado” de su trabajo y a uno que no lo está? Que en el caso del CIO enamorado de su trabajo su actividad se encuentra erotizada.

Sin entrar en la teoría de la libido freudiana, dado que es muy compleja y no es el objetivo de este artículo hacer un recorrido por la misma, podemos puntualizar que desde Freud sabemos que el Yo es un gran reservorio de energía pulsional, de libido, que esa energía es sexual en un sentido amplio, y no restringido como mencionamos al comienzo, que puede dirigirse a objetos o a sí mismo y que los objetos o actividades deben ser “cargados” de libido para ser atractivos e interesantes para el sujeto. También sabemos que cuando esto ocurre y el objeto desaparece, esa libido debe ser retirada del objeto, comenzando así un proceso de duelo, hasta que el yo pueda recuperarla para desplazarla a un nuevo objeto.

Cuando el objeto es una persona se va a establecer uno de los tantos vínculos afectivos que conocemos: vínculos parentales, filiales, fraternales, amistosos y amorosos. Pero cuando la libido se dirige a una actividad específica, vamos a suponer que es esa actividad la que se encuentra investida libidinalmente y generando en el sujeto satisfacciones sustitutivas a las que se obtienen de los vínculos personales. Según el caso, pensaremos en una sublimación de la pulsión sexual, en un desplazamiento, en un estancamiento de la libido, etc. También pensaremos qué ha ocurrido en ese sujeto, si ha dirigido esa libido hacia sí mismo de una manera autoerótica o de una manera narcisista, donde toda la actividad apunta a su yo y donde su interés está puesto en sí mismo más que en cualquier objeto externo.


La pregunta sobre si un CIO tiene tiempo suficiente para su vida personal, familiar, amorosa y sexual, nos llevó a una nueva tandas de preguntas.

No podemos generalizar y armar una categoría descriptiva que incluya a todos los CIO apasionados y enamorados de su carrera, ya que seguramente en el análisis del caso por caso nos vamos a encontrar con vivencias absolutamente distintas. Si tenemos que decir que en la observación general de estos profesionales nos hemos encontrado con una abrumadora mayoría de personas totalmente volcadas a su actividad laboral/profesional y nos surgió la pregunta de qué tiempo les queda para el desarrollo de los vínculos sociales y personales.

Por eso nos permitimos la libertad intelectual de intentar observar este fenómeno desde diversos marcos teóricos, para tratar de enriquecer la observación.

Desde el portal www.talentinnovation.org una serie de informes desarrollan el tema de los “trabajos extremos”. Son aquellos puestos que requieren más de 60 horas semanales, estar disponibles para clientes (internos o externos a la empresa) en relación 7x24, una agenda de trabajo semanal frente a imprevistos sucesos reactivos, muchas responsabilidades, más actividades urgentes que importantes, viajes constantes con todo lo que implica.

En ese tipo de actividades es donde nos preguntamos si queda tiempo para una vida de relación, que incluya la actividad sexual con un otro, satisfactoria. Y una actividad social. Y una actividad personal que no tenga nada que ver con lo profesional y que opere de factor de descanso mental.

Siguiendo con el informes de www.talentinnovation.org entre los elementos que identifican a las personas en “trabajos extremos” podemos destacar, a aquellas que trabajan más de 60 horas semanales y tienen al menos cinco de las siguientes características (según “Extreme Jobs: The Dangerous Allure…”):
Flujo imprevisible de trabajo.
El trabajo a un ritmo acelerado con plazos muy ajustados.
Alcance desordenado de responsabilidades con más de un trabajo en simultáneo.
Eventos de trabajo fuera del horario laboral.
Disponibilidad con los clientes internos o externos 7/24.
Responsabilidad por las pérdidas y ganancias.
Responsabilidad de mentoring y reclutamiento.
Gran cantidad de viajes.
Gran cantidad de reportes directos.
Presencia física en el lugar laboral por lo menos 10 horas diarias.

¿Cómo se ocupa la misma tecnología de monitorear la salud de un CIO con estas características, salud entendida como una sumatoria de factores biopsicosocioculturales? El concepto de salud del CIO ¿es tenido en cuenta por las empresas que se benefician con su trabajo?

Por eso nos permitimos, ante esta observación, intentar abrir un espacio de reflexión a aquellos profesionales, CIO o en cualquier otra área, que se encuentren desarrollando su actividad laboral bajo estas condiciones. El título del artículo es un anzuelo, ya que nada puede llevarnos a sostener algo así como que un CIO tenga “mal sexo”, dado que para eso tendríamos que realizar una investigación de campo siempre y cuando primero logremos ponernos de acuerdo en qué significa buen o mal sexo, en sentido estricto.

El CIO del futuro, y el de hoy, tiene la responsabilidad permanente de estar surfeando con las corrientes globalizadoras económicas, las tecnologías hiperconectadas en las líneas de negocios y la creciente dependencias de los sistemas como facilitadores de los negocios. Y si no es la tecnología son funcionalidades nuevas que el mercado requiere el CIO tiene que estar presente en esa relación de saberes. Como es el caso del nuevo rol del CIO versus el CMO. Pero en sí el CIO descansa cuando la tecnología deja de innovar, es decir, NUNCA!

Irónicamente, por el número, indicaban que el 69% de los referentes en “trabajos extremos” estarían mejores con su salud si trabajaran menos. Las empresas deberían empezar también a tener en cuenta estos factores. Ocuparse de la salud de sus trabajadores es una forma de garantizar que su actividad profesional se desarrolle en plenitud.

Trabajar en extremo por más de 60 horas semanales, hace indefectiblemente que la productividad y eficacia decaiga. La planificación desde la mirada empiezo-termino, se vuelve circular sin poder determinar nunca el punto de finalización. Y se vuelve un constante hacer cíclico sin fin. Sería beneficioso para cualquier profesional proponerse darse un descanso.

También somos conscientes que algunas personas, en la profesión o en la actividad que sea, llenan su vida de trabajo para no pensar en sus vínculos personales. Esto también produce una paulatina concentración en su actividad, y esta actividad precisamente es la ideal para aquel que quiera “desconectarse” de una realidad afectiva que no le es grata.

“Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes” - Albert Einstein. Esta frase dispara la necesidad de cambio de observador. Miremos, mirémonos, observémonos de manera diferente. ¿Para qué? Para pensar si existe una necesidad de cambiar algo.

Muchas veces pensar en cómo estamos no es una opción, porque nos puede conducir a la observación de esas realidades ingratas de las cuales preferimos alejarnos. Muchas veces se amplían los espacios laborales en detrimento de los vínculos personales y sociales porque en la actividad profesional tenemos una sensación de tener el control de todo que en lo afectivo resulta mucho más difícil. A veces es un buen ejercicio, cada tanto, abrir el lugar a las preguntas, para saber si somos apasionados con nuestra profesión porque estamos siguiendo nuestra vocación o si lo somos porque preferimos tener la mente sólo puesta en eso.

Una vida afectiva saludable forma parte de lo que todo ser humano necesita para mantenerse en equilibrio.

Vamos a traer un ejemplo. Hace un tiempo atrás, Gabriel G. era uno de los principales iniciadores del Work-Life Balance, y planteaba la necesidad del equilibrio entre la vida laboral y personal. Y cuando le preguntaban sobre el alcance, describía algo así como lo que sigue: ¿Cuánto dejamos de lado en nuestra vida personal para un mayor crecimiento profesional? ¿Cuánto dejamos de nuestra carrera profesional para dedicarla a nuestra vida personal o familiar? ¿Cómo fijamos nuestras prioridades? Entender el desequilibrio en la relación entre su vida personal y el trabajo, en dónde la calidad de vida empieza a afectarse y también su rendimiento laboral. ¿Es posible el equilibrio?

Muchos CIO apasionados en su trabajo, se sentirán plenos desarrollando el mismo, con una energía erótica, o sea, de vida, en cada uno de los proyectos que inician. Eso no es ni bueno ni es malo, es su vida, y siempre que eso responda a una libertad de elección y que la sensación sea de plenitud, habremos encontrado a un profesional enamorado de su trabajo, feliz con lo que hace. Que sea así no nos dice nada sobre su vida de relación, pero si nos hace sentir la necesidad de invitarlo a que se pregunte cómo están las otras áreas de su vida en general.

“El saber es enemigo de la reflexión” - Humberto Maturana. ¿Por qué los saberes nos hacen estar viviendo en esta caja de realidad? ¿Qué historias nos limitan a no reflexionar sobre como estamos? ¿Para qué plantearse reflexionar si estoy apasionado en mí círculo de certezas?



Autores: Inés Tornabene, Abogada, Psicóloga y Escritora; Oscar Schmitz, Ingeniero en Sistemas, MBA, Coach & Mentor, Blogger.
Colaboradora: Silvia Fernandez Moreno, Licenciada en Letras, apasionada por la fotografía.
Fotografía: Silvia Fernandes Moreno. Fuente: http://500xp.com/selenita
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